SIBO e Intolerancia a la fructosa, La dieta definitiva

Si padeces SIBO e Intolerancia a la fructosa, probablemente habrás vivido esta situación: peregrinaje por cientos de especialistas médicos, nutricionistas, pruebas y diagnósticos. Estos últimos acompañados, en el mejor de los casos, de un tratamiento a base de: dieta y suplementación (en el peor de los casos te dirán “todo está en tu cabeza, tienes que relajarte” y saldrás más confundid@ de lo que entraste a consulta).

Respecto a la dieta, esta varia según la moda del momento y suele disponer de listas interminables de alimentos prohibidos o permitidos en las que la mayor confusión la generan alimentos de procedencia vegetal ricos en carbohidratos (patatas, cereales, legumbres y frutas) que suelen saltar de la columna de buenos a malos de la película en un santiamén sin tener muy claro porque.

Anticándidas, paleo, baja en histamina, baja en fructosa, fodmaps, cetogénica, carnívora, etc… sea la que sea que nos pautan, como pacientes experimentados y hartos de sufrir síntomas de todo tipo empezamos el tratamiento con mucha ilusión y esperando que sea la DIETA DEFINITIVA “la que me devuelva el yo de antes y así vivir despreocupado por si algo me sienta mal”.

Siento ser una aguafiestas pero esto nunca funciona, no existe la dieta definitiva.

Al principio puede que algunos síntomas desaparezcan pero mas pronto que tarde llegará el día en que empeoraremos porque: hemos salido a comer fuera, hemos tenido un mal día y comido de más por la ansiedad o simplemente porque sin explicación aparente algo nos sienta mal y hace que recaigamos. Es entonces cuando empezamos una relación peligrosa con la comida: acabamos obsesionándonos con la dieta, con lo que nos sienta mal o bien, con la búsqueda de ese alimento que no sabes cual es pero que te impide mejorar, con el miedo a reintroducir alimentos, etc… Y así, nunca mejor dicho “sin comerlo ni beberlo” a nuestro problema de SIBO e Intolerancia a la fructosa se acaba sumando una relación tóxica con la comida, íntimamente relacionada con una mala gestión de las emociones.

En mi caso personal, mi recuperación empezó cuando después de llevar una dieta muy restrictiva tipo paleo que había hecho desaparecer muchos de los desagradables síntomas intestinales, poco a poco entendí que no era la solución porque:

  • empeoró mi salud hormonal (mi regla desapareció ¡durante más de un año!, encima tenía muchísimo insomnio a la vez que pasaba los días peleando entre la ansiedad y el cansancio crónico).
  • redujo muchísimo la diversidad de mi microbiota (Solo me encontraba bien cuando comía esas cuatro cosas, si me salía de la lista rápidamente mi cuerpo me mandaba señales de socorro).
  • generó en mi una relación tóxica con ciertos alimentos, especialmente carbohidratos (me daba miedo probarlos y a la vez estos eran los más atractivos cuando me entraba la ansiedad por comer si tenía un mal día o mucho estrés).

Tras meditarlo con la almohada, decidí poco a poco relajar la dieta a ver que pasaba y empecé a:

  • reintroducir alimentos que había demonizado pero que “en teoría” (si estaba recuperada de la inflamación, permeabilidad y SIBO) eran sanos
  • disfrutar de cocinar
  • disfrutar del placer de comer sabiendo que la comida sana también es deliciosa

Así comencé a encontrar el equilibrio y las piezas del puzzle empezaron a encajar.

Reconozco que al principio de un tratamiento para una disbiosis, permeabilidad intestinal, SIBO e intolerancia a la fructosa,… debemos seguir una dieta terapéutica, en ocasiones bastante estricta, que reduzca inflamación y sintomatología. Pero siempre debemos tener presente que no será para siempre y que la única lista definitiva debe ser la siguiente:

  • NI DE COÑA, NO LOS QUIERO NI EN PINTURA, SU CONSUMO DEBE SER SUPER PUNTUAL:

Aquellos alimentos/ productos alimenticios inflamatorios que todos deberíamos desterrar (que suelen ser procesados/refinados ) tengamos o no patolgías o síndromes intestinales y digestivos.

  • NI FU NI FA: DEPENDIENDO DE LA PERSONA SI PUEDO PLANTEARME REINTRODUCIRLOS :

Aquellos alimentos que se pueden consumir siempre y cuando los toleres y sabiendo que deben ser de consumo esporádico.

  • OS QUIERO PERO AHORA MISMO ME HACÉIS DAÑO:

Aquellos alimentos que por el trastorno intestinal, la inflamación, permeabilidad, etc…No toleras al principio del tratamiento pero que sabes que realmente son buenos para tu salud y necesarios en tu recuperación total por tratarse de prebióticos y probióticos.

Respecto a estos últimos, mi experiencia personal me confirma que el hecho de que me sentasen mal en un momento de mi vida porque mi intestino estaba inflamado y mi microbiota alterada, no significa que para recuperarme los tuviese que apartar de mi vida para siempre, es más, irlos reintroduciendo ha sido la mejor decisión que he tomado en todo este largo proceso, ayudándome a realmente recuperar el equilibrio y la salud. Eso si, la reintroducción ha sido lenta y con alguna que otra recaída (especialmente con los fermentados), por eso el pilar de la gestión del estrés, la frustración y el autocuidado también debemos tenerlo muy presente para conseguir llegar a buen puerto ( pero este es otro temazo que mejor dejaremos por otro día).

Espero que este artículo sirva para arrojar algo de luz en tu camino y que te ayude a tomar las mejores decisiones para poder empezar tu también a recuperarte. Si quieres saber más sobre alimentación saludable, te recomiendo que eches un vistazo a la COMPRA CONSCIENTE.

Hasta la próxima,

Ciao 🙂