Como me recuperé de SIBO e Intolerancia a la fructosa

Desde que decidí compartir mi experiencia con la enfermedad a través del blog e Instagram cestadecolores he tenido la oportunidad de conocer muchas historias similares a la mía. Historias de personas que se preguntan por qué se encuentran tan mal y sin embargo el médico les dice que no tienen nada o en el mejor de los casos les diagnostica SIBO, Helicobacter pylori o Intolerancias alimentarias varias para ser tratadas únicamente con antibiótico y despachadas con un folio que contiene una lista de alimentos prohibidos y permitidos de la dieta de turno (ya sea dieta baja en fructosa, dieta FODMAP, etc…).

Muchas veces, este tratamiento es insuficiente y se producen recaídas, incluso empeoramientos de la sintomatología, así que la pregunta que más me soléis hacer cuando me contactáis es:

¿Qué hiciste para recuperarte?

No es una pregunta fácil de contestar, pero para eso estamos aquí, así que narrando mi vivencia personal espero podáis haceros una idea de como mis síntomas remitieron.

Para los que habéis leído como debuté en mi enfermedad en la publicación “Mi vida con SIBO” ya sabéis que acudí a diversos médicos pero no encontraron ningún indicador a través de las analíticas y distintas pruebas que diese explicación a mi sintomatología digestiva y extra digestiva. De este modo, hace ya más de 15 años me diagnosticaron colon irritable.

En aquel momento tenía una fe ciega en la medicina convencional y no se me pasó por la cabeza cuestionar ese diagnóstico aunque he de reconocer que me dejó un poco bloqueada “¿tenía que asumir ser una enferma crónica con una mala calidad de vida con 22 añitos? “

El tiempo pasó y los síntomas empeoraron hasta que llegó un fatídico día de 2015 en el que tras tener que dejarlo todo para irme a casa, a pesar de tener varios compromisos laborales, a causa de los síntomas incapacitantes después de haber comido un poco de caldo de pollo (a estas alturas me sentaba mal prácticamente todos los alimentos) me dije:

No puedo seguir así, he tocado fondo, tengo que proponerme poner solución a esta situación y coger las riendas de mi salud.

Recuerdo perfectamente este momento. Supuso un antes y un después. Empecé a investigar a través de internet y libros especializados. Encontré información sobre la Intolerancia a la fructosa y pensé ¿Por qué nadie me dijo nada de esto?

Fue entonces cuando tras solicitarlo específicamente, una doctora me hizo las pruebas de intolerancia a la fructosa y lactosa y me diagnosticó de SIBO e intolerancia a la fructosa, aunque no me dio ninguna solución y me despachó con la siguiente frase “eres joven, no comas cosas con fructosa y a ver que tal te va”. Por una parte estaba contenta: por fin mi sintomatología tenía explicación y no era solo “cosa de los nervios” pero a la vez me volví a sentir subestimada y desprotegida por la medicina convencional ya que a la doctora parecía importarle poco que no pudiese salir de casa sin miedo a tener que irme corriendo al baño de mi casa en cualquier momento.

Empecé a buscar respuestas a través de “otras alternativas” siempre basándome en información contrastada científicamente en base a: estudios que leía, libros especializados o artículos publicados en prensa escrita.

Durante esta etapa acudí a varios profesionales de la salud. Ya no eran médicos de la seguridad social ni del cuadro médico del seguro privado. Eran especialistas que por sus reseñas o publicaciones parecían poder dar con “lo que me pasaba”. Pero ninguno dio con la “pastilla o la dieta mágica” que esperaba :

Cada vez que iba a sus consultas (que solían ser bastante caras) tenía la esperanza ciega de dar con la solución a todos mis problemas de salud y cuando veía que no era así me sentía engañada.

Con la perspectiva que me da el tiempo he cambiado de opinión y creo que he aprendido mucho de todos ellos. Cada uno aportó su granito de arena para que poco a poco yo aprendiese a entender que me pasaba. No quiero aburriros contándoos todas las anécdotas de estas consultas, pero si reseñaros las más curiosas:

En 2016 acudí a una medico integrativa en mi localidad. Ella cambió la manera que tenía hasta entonces de entender la salud. Hizo que me plantease hasta que punto mi vida personal y laboral estaba afectándome. También me hablo de la importancia de una alimentación natural y descubrí que ciertas proteínas de los lácteos y algunas gramíneas (cereales como la avena o el trigo) podían afectar a mis intestinos.

Para llegar hasta aquí y sacar la foto perfecta

Primero hay que pasar por esto: subir, tropezar, volver a intentarlo,…

Comencé a cambiar hábitos poco saludables y aprendí que la recuperación no depende de hacer dieta unos meses, la salud se trabaja a través de un estilo de vida saludable. También asumí que no se cambia el estilo de vida de la noche a la mañana. En mi caso, tuvieron que pasar meses e incluso años:

Primero retiré ciertos alimentos inflamatorios ( procesados, azúcares,…) cuando me encontré con fuerzas intenté reducir el consumo de alcohol y tabaco, cambié los sábados de fiesta por rutas de senderismo los domingos o cita en un spa,…

Aún así, seguía teniendo hinchazón, digestiones pesadas, fatiga, dolores menstruales,….Estaba claro que no encajaban todas las piezas y seguí buscando respuestas.

Aprendí que las hormonas están detrás de muchos problemas de salud y descubrí que tenía Síndrome de Ovarios Poliquísticos (íntimamente relacionado con la disbiosis intestinal y problemas de candidiasis recurrentes, infecciones de orina, etc.).

Por entonces fui tratada por una famosa nutricionista ortomolecular, de la que guardo muy buen recuerdo. Sus citas no eran como las “típicas de médico” hablábamos de todo y me explicaba como ella interpretaba mis síntomas. Me enseñó que los síntomas son la manera que tiene nuestro cuerpo de comunicarse con nosotros. Con ella seguí durante bastante tiempo una dieta paleolítica acompañada de una amplia suplementación (antimicóticos, vitaminas, minerales…), retiré el gluten y otros muchos carbohidratos (tubérculos, cereales en general excepto trigo sarraceno, mijo o quinoa) y basé mi alimentación en verduras, grasas saludables y proteína animal.

Me entusiasmé al ver que mis dolores menstruales desaparecían y también los dolores de cabeza y espalda, pero aún así, aparecieron otros síntomas: muchísima ansiedad (mi cuerpo me pedía a gritos carbohidratos), mis síntomas digestivos habían mejorado pero no desaparecieron por completo, en cuanto me salía del guion, me ponía fatal. Tenía mucha fatiga, insomnio, nerviosismo y amenorrea hipotalámica ¡me pasé más de un año y medio sin regla!

Ahora lo veo claro, esta dieta tan estricta me ayudó a bajar la inflamación crónica y a sellar una tremenda permeabilidad intestinal pero sin embargo, supuso un déficit de calorías que me llevó a una amenorrea y posiblemente a una fatiga adrenal ( teniendo en cuenta también que en ese momento sufría además de muchísimo estrés laboral). Comencé a plantearme que quizás era el momento de recuperar la “normalidad” y no seguir por más tiempo pautas tan estrictas.

Después vinieron más experiencias con especialistas sobre celiaquía, histaminosis, etc… Aprendí cosas de todos ellos y fui integrando poco a poco en mi vida aprendizajes sobre estilo de vida que me ayudaron a conocerme mejor.

Finalmente decidí retirar el gluten (aunque no tuviese un diagnostico positivo de celiaquía entendí que mi cuerpo no lo toleraba) y poco a poco tras una larga fase de reintroducción, fui recuperando flexibilidad digestiva. Sentí que las piezas del puzle iban encajando. Esta fase fue especialmente dura porque supuso tener recaídas, recordar fantasmas del pasado, revivir el miedo a volver a estar como antes. Sin embargo, reintroducir alimentos a priori sanos, tales como legumbres, frutas o incluso fermentados (antes retirados por la sintomatología provocada por el SIBO e intolerancia a la fructosa pero básicos por tratarse de prebióticos y probióticos digestivos) fue una de las mejores decisiones de mi vida y poco a poco me ayudaron a sentirme mejor a todos los niveles.

Como veis mi experiencia personal no ha sido precisamente un camino fácil. Me dejo en el tintero otros cambios que me ayudaron y en los que aún sigo trabajando día a día : alejarme de relaciones personales tóxicas, aprender a decir no, no responsabilizarme de lo que no me corresponde, entender que para conseguir algo no es necesario sufrir o dejarse la piel, etc… Todo esto también son factores clave pero mejor los dejamos para otro día.

Estoy segura de que mucha gente se recupera de manera más rápida, es cierto que yo tenía síntomas muy cronificados y que el no acceso a redes sociales me impedía conocer a muchos especialistas muy formados que actualmente divulgan sobre estos problemas y que seguro pueden ayudarnos a recuperar la salud de manera más efectiva.

Esta es mi historia y aunque en esencia sigo siendo la misma persona a la que diagnosticaron de colon irritable hace más de 15 años, a nivel personal he crecido muchísimo y creo que este ha sido el proceso más transformador que he vivido en mis 38 años.

Espero con esta publicación que vosotros mismos podáis encontrar vuestro propio camino y sobretodo que no dejéis de intentarlo, entendiendo que en gran parte la salud depende de nuestras propias decisiones.

Un abrazo y recordad que comparto info sobre alimentación y salud también en mi Instagram cestadecolores.